Ágora Social

De antiguos alumnos a nuevos socios

Por: ISRAEL QUESADA, consultor

Se conocen desde hace tiempo e incluso durante algunos años fueron inseparables. Antiguos alumnos e instituciones académicas compartieron y crearon historia. Pero llegó el día de la licenciatura, la graduación… y los recién egresados, con su birrete y su título en la mano, dieron media vuelta y se fueron, para no volver.

Qué pena, ¿verdad? Yo no creo que se trate de una relación cualquiera. Quien haya pasado por una institución académica sabe que no se olvida. Bien sea por el esfuerzo que requiere llegar hasta el final, por las amistades que se crean, por los profesores que de verdad te “calan”, incluso por el orgullo de pertenencia. Es cierto que la función principal de cualquier institución académica es aportar conocimiento a las personas. Y habrá quien piense que una vez se consigue esto, que se cierra el círculo con la consecución de un título, ¿qué más se puede hacer? ¿Merece la pena hacer algo más?

Pues bien, hay muchos sitios donde apuestan por dar continuidad a estas relaciones. Gran parte de ellos provienen de la cultura anglosajona aunque también tenemos ejemplos más próximos. Esta prolongación relacional se suele articular mediante los conocidos como “programas alumni”.

Puede que en nuestro país se haya empezado a prestar más atención a este tipo de programas debido a la acumulada escasez de financiación de gran parte de las instituciones académicas. Y es que uno de los beneficios que para estas tiene el hecho de prolongar las relaciones con los alumnos y alumnas es la posibilidad de acceder a una nueva fuente de financiación.

Pero no es el único motivo. Tanto para instituciones como para exalumnos parecen existir más razones que invitan a mantener vivo el vínculo:

BENEFICIOS DE UNA RELACIÓN CON ANTIGUOS ALUMNOS

 

Tabla antiguos alumnos

Se trata, obviamente, de un tipo de relación distinta a cuando todo giraba alrededor de libros y codos. En los programas alumni bien estructurados y de calidad se suelen incluir actividades deportivas, gastronómicas y culturales. Se facilita el acceso a servicios como biblioteca o a suscripciones exclusivas de los centros educativos. Se organizan eventos, muchos de ellos de carácter profesional. Se crean clubes temáticos centrados en ramas concretas del saber…

A cambio, las entidades que desarrollan estos programas suelen cobrar cuotas de afiliación e incluso reciben donativos ocasionales de sus simpatizantes. También pueden proponer directamente la financiación de algún proyecto en particular para mejorar instalaciones o servicios.

Creo que se trata de una relación de alto valor. Los antiguos alumnos pasan a ser nuevos socios de la institución donde se formaron. El hecho de solicitar colaboración económica no debería resultar extraño. Las personas pagamos por ir al gimnasio, por asistir a eventos, por suscribirnos a ciertos servicios…

¿Qué hay de malo en hacerlo a través de tu colegio, instituto o universidad si, además, con ello contribuyes a su crecimiento y desarrollo?

Puede que se trate de una relativa nueva forma de colaboración en nuestro entorno o cultura. El tiempo dirá hasta qué punto se le abren las puertas. Personalmente, creo que tiene bastante potencial y mucho margen para la innovación.


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