Ágora Social

3 consejos para mantener el entusiasmo como fundraiser

 

Agustín Pérez, director de Ágora Social

Hay que reconocerlo: el trabajo del fundraiser suele ser exigente. Porque sus resultados se miden en dinero contante y sonante. Resulta más fácil valorar su rendimiento que en otros trabajos con objetivos más etéreos. Por eso, cuando trabajaba en una ONG, con frecuencia envidiaba a mis colegas que no sentían la presión de llegar al mes de diciembre sin haber alcanzado la cifra de ingresos prevista en el presupuesto.

Se necesita tener mucha energía, autoconfianza y convicción para sobreponerse a la constante presión de los objetivos y, a menudo, a las dificultades para lograrlos.

El entusiasmo, junto con la resiliencia, es una cualidad muy necesaria en una persona que tiene entre manos la tarea de persuadir a otros de que apoyen a una causa que casi siempre no les concierne directamente. Es una actitud contagiosa que se transmite no solo en la comunicación cara a cara con los donantes o voluntarios, sino también por teléfono, en una declaración por vídeo o incluso en cualquier escrito.

¿Cómo puedes mantener un elevado entusiasmo día tras día cuando tropiezas con serios obstáculos? ¿Y más si estas barreras surgen dentro de la propia organización, por ejemplo por la falta de apoyo de la dirección o del órgano de gobierno? ¿O si la rutina diaria consiste en lidiar con un CRM o preparar proyectos para optar a una subvención a través de formularios que preguntan lo mismo una y otra vez?

 

Te doy tres ideas para mantener vivo ese entusiasmo y recordar por qué estás haciendo lo que haces, que sin duda es una valiosa contribución a hacer nuestro mundo un lugar mejor:

 

  • Profundiza en el conocimiento de la causa de tu organización, incluso aunque no tenga utilidad inmediata para tu tarea. Lee, escucha o mira vídeos sobre los problemas que tu organización trata de solucionar. Además de motivarte, seguro que en algún momento ese conocimiento te ayudará a conseguir mejores resultados.

 

  • Siempre que puedas, conoce de primera mano a los destinatarios de la acción de la organización o lo que quiera que constituya su aportación a la sociedad. Participa en actividades en que ellos tomen parte, viaja al terreno si es el caso, juega con los animales si estos son los beneficiarios, etc. Cuando era fundraiser en Amnistía Internacional, yo recargaba las pilas cuando escuchaba el testimonio de un/a defensora/a de los derechos humanos exiliado que contaba sus peripecias y daba una lección con su ejemplo de lo que es el valor y la resiliencia. Haz fotos o vídeos de esas experiencias para revivirlas de tanto en tanto.

 

  • Habla personalmente con donantes o voluntarios de tu organización en un contexto en que podáis intimar algo, como tomando un café o comiendo juntos. Sin embargo, no vale cualquiera, ya que puede tratarse de personas que se han unido por interés propio o por gregarismo, o que simplemente mantienen un compromiso pasivo y ya ni si quiera recuerdan por qué se unieron en su día. Escoge preferentemente a personas que llevan muchos años en la organización o que tienen una fuerte implicación en ella. Pregúntales por sus motivaciones y por qué siguen siendo tan fieles y/o comprometidos.

 

Por supuesto, también puedes hacer a diario o casi actividades que contribuyan indirectamente a cargarte de energía, como meditar, hacer ejercicio físico, hidratarte muy bien, escuchar una canción inspiradora al principio de la jornada, tomarte pequeños descansos frecuentes a lo largo de la misma, etc. Pero el una cosa es la energía psíquica y otra el entusiasmo. Este, al margen del carácter de cada cual, solo se alimenta de propósito.

 

¿Cómo mantienes tu entusiasmo a diario?  ¿Encuentras sentido a lo que haces?

 

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